Contenido
- Presentación
- La Ciencia de la Evolución
- Precursores del Evolucionismo
- Darwin y el transformismo inglés
- El viaje en el Beagle
- "El Origen de las Especies" y Wallace
- La Selección Natural
- Aclaraciones a "El Origen" y concepto final de selección natural
- Antecedentes al neodarwinismo
- El origen de la variabilidad
- La Síntesis
- Enfrentamientos con la Síntesis
- Mutación y variación
- Teoría neutralista de la evolución molecular
- El equilibrio puntuado
- El gen egoísta
- Mecanismos de especiación
- Genética de poblaciones
- Las pruebas clásicas de la evolución
- Biología molecular y evolución
- Evolución y desarrollo: evo-devo
- Evolución y genética molecular
La dinámica genética de las poblaciones.
Mientras la investigación en citogenética y mutaciones tenía a los individuos como objeto de estudio, las poblaciones ocupaban un lugar central en los estudios dirigidos a explicar, partiendo de las leyes de Mendel, el cambio evolutivo de las comunidades de apareamiento. En el año 1908 se formuló un descubrimiento importante, por partida doble e independientemente: el matemático Hardy en Gran Bretaña y el antropólogo Weinberg en Alemania demostraron que la composición genética de una población permanece en equilibrio mientras no actúen ni la selección ni ningún otro factor y no se produzca mutación alguna. A pesar de la mezcla de genes que supone la reproducción sexual, la persistente reorganización de estos en este tipo de reproducción no cambia la frecuencia de estos en las sucesivas generaciones. Es decir, la herencia mendeliana, por sí misma, no engendra cambio evolutivo, no es un mecanismo de alteración de las frecuencias de los genes en las poblaciones.Este principio es conocido como equilibrio Hardy-Weinberg.
La alteración genética de una población sólo puede darse por factores como mutaciones, selección, influencias casuales, convergencias o divergencias individuales. El cambio genético que surja significa la perturbación del equilibrio. Con estos concepto quedaron instalados los cimientos de la genética de poblaciones, que no sería desarrollada hasta Chetverikov (1926) y Fisher, Seawall Wright y Haldane en los años 1930 - 32. Desde este momento, influiría también en la teoría de la evolución.
La demostración de este equilibrio es sencilla, como se muestra a continuación, e implica que las frecuencias génicas (la frecuencia de cada gen o alelo) permanecen constantes de generación en generación, siempre que la población cumpla las siguientes condiciones ideales:
- Ser lo suficientemente amplia como para que todos los cambios que se produzcan en ella sigan las leyes de la estadística. Tampoco debe existir inmigración ni emigración.
- Los organismos componentes de esa población han de ser diploides y de reproducción al azar (panmixia).
- En esta población no hay mutaciones ni selección natural, de modo que los individuos tienen las mismas probabilidades de reproducirse, independientemente de sus genotipos.
Para una explicación más práctica, vamos a tomar un ejemplo real, el de la enfermedad metabólica hereditaria denominada fenilcetonuria. (Los conocimientos previos para entender esto se reducen a dominar las leyes de Mendel y algo de aritmética y probabilidad).
Los niños con fenilcetonuria no pueden procesar un aminoácido de las proteínas llamada la fenilalanina. Como resultado, la fenilalanina se acumula en el torrente sanguíneo y causa daño cerebral y retraso mental. Los individuos con fenilcetonuria deben permanecer con una dieta restringida a través de la niñez y la adolescencia, y quizás también a través de toda su vida. En Europa, uno de cada 10.000 nacidos la padecen: su incidencia es del 0'0001 (o del 0'01%).
La enfermedad la provoca un gen recesivo cuando se da una situación de homocigosis aa. Vamos a expresar la frecuencia del gen sano como p y la del gen "defectuso" como q, y calcularemos la incidencia de los portadores de la combinación aa. (Obviamente, p + q = 1).
Si realizamos un cruzamiento de dos portadores Aa, en donde permanece
oculto el gen recesivo, los genotipos obtenidos en la siguiente generación
serán los siguientes (p y q reciben el nombre de
frecuencias génicas, mientras que las frecuencias
de los genotipos AA, Aa y aa se llaman frecuencias
genotípicas):
| A (p) | a (q) | |
| A (p) | AA (p2) | Aa (pq) |
| a (q) | Aa (pq) | aa (q2) |
Los tres genotipos AA : Aa : aa aparecen en una relación p2 : 2pq : q2. Si las sumamos, nos daría de nuevo la unidad:
La frecuencia de los genotipos enfermos de fenilcetonuria era 0'0001.
Este valor corresponde a q2. La frecuencia q del gen
a será la raíz cuadrada de 0'0001, es decir, 0'01.
La enfermedad tiene una incidencia de 1 cada 10.000 individuos, pero
la frecuencia del gen es 100 veces mayor, 1 cada 100. ¿Dónde,
entonces, se ocultan los genes a? Se encuentran en el par Aa
con una frecuencia
Esto quiere decir que un 2% de todos los individuos de la población
europea portan este peligroso gen: ¡uno de cada cincuenta!.
Este ejemplo nos da una idea de lo persistente que puede llegar a ser
un gen recesivo manteniéndose "clandestino" en heterocigosidad.
Mediante cálculos similares, igualmente sencillos, se puede demostrar
que en una población de este tipo, en sucesivos cruzamientos las
frecuencias génicas siguen manteniéndose constantes. Es
lo que arriba se mencionaba como equilibrio Hardy-Weimberg. Se puede demostrar
igualmente que resulta muy difícil reducir la frecuencia de estos
genes recesivos en valores significativos. Puedes ver el enlace de la
University of
Tennessee at Martin, en donde podrás simular lo que ocurre
en varias generaciones con las frecuencias alélicas en un caso
de selección natural, aunque deberás
instruirte algo antes en el tema. Allí mismo te ayudarán.
El apareamiento aleatorio es un supuesto razonable, pero en la realidad
este no existe en la mayoría de los casos, ya que siempre hay algún
tipo de selección de pareja.
Está claro que una población de este tipo no existe
en la naturaleza, pero sirve de punto de partida para el estudio de otras
leyes: los organismos están sujetos a mutación, selección
o otros procesos que cambian las frecuencias génicas, pero lo efectos
de estos procesos pueden ser medidos a partir de sus desviaciones de la
ley de equilibrio. Consecuencias de la mutación.
Las variantes hereditarias que posibilitan la evolución surgen
por el proceso de mutación. Pero este es un proceso
muy lento, debido a que las tasas de mutación son muy bajas.
Veamos un ejemplo.
Consideremos un alelo A que se convierte en B por mutación a
una tasa del 1 por 100.000, que es típica de muchos genes (en cada
generación una cienmilésima de todos los alelos A se convierte
en B). Si en un momento dado, la frecuencia del alelos A es 0'10, en la
generación siguiente será del 0'0999999, un cambio pequeñísimo.
Y así sucesivamente.
La fracción del alelo que cambia es siempre la misma; pero como
la frecuencia del alelo es cada vez menor, el efecto de la mutación
se va reduciendo de generación en generación. En nuestro
caso, se requieren 10.000 generaciones para que la frecuencia del alelo
A se reduzca de 0'1 a 0'09.
Por otra parte, las mutaciones son reversibles: el alelo B también
puede mutar a A. La frecuencia de los alelos cambiará aún
más lentamente.
De todo esto se deduce que la mutación, aunque tiene su contribución,
no es fuerza suficiente para impulsar todo el proceso evolutivo. Las frecuencias
de los genes están determinadas por la interacción entre
mutación y selección.
La migración genética.
La migración, en el sentido genético, implica que los organismos
(o sus gametos o semillas) que van de un lugar a otro se entrecruzan con
los individuos de la población a la que llegan. Por eso la migración
se llama flujo genético.
En este caso, lo que cambian son las frecuencias génicas de una
localidad dada, si es el caso que las frecuencias de los emigrantes y
de los residentes no son iguales.
La deriva genética.
Las frecuencias génicas pueden cambiar por razones puramente aleatorias,
lo que se llama deriva genética, debido a que cualquier población
consta de un número finito de individuos.
La frecuencia de una gen puede por ello cambiar de una generación
a otra gracias a lo que se llaman errores de muestreo, ya que de todos
los genes de la población sólo una pequeñísima
fracción pasará a la siguiente (por lo mismo también
es posible que salgan más de 50 caras al lanzar una moneda 100
veces).
Si en una población de 1.000 individuos, la frecuencia de a
es 0'5 en una generación, en la siguiente generación puede
ser, por azar, de 0'505 ó de 0'493, a causa de la producción
fortuita de unos pocos más o unos pocos menos descendientes de
cada genotipo. En la segunda generación habrá otro error
de muestreo, que ahora trabaja sobre la nueva frecuencia génica,
así que la frecuencia de a puede llegar de 0'505 hasta 0'511
ó bajar a 0'498. Este proceso de fluctuación aleatoria continúa
de generación en generación, sin que ninguna fuerza empuje
a la frecuencia a retornar a su valor original. De este modo, el resultado
final es que la deriva provoca que las frecuencias
génicas sean p=1 ó q=1 (q=0 ó p=1, respectivamente).
Tras este final, ya no es posible ningún cambio: la
población se ha hecho homocigótica. Una población
aislada a partir de la primera también sufre esta deriva genética
aleatoria, pero en lugar de hacerse homocigótica para el gen A,
puede hacerse para el gen a. A medida que el tiempo transcurre,
las poblaciones aisladas divergen entre ellas, perdiéndose heterocigosidad:
la variación que aparecía en las poblaciones
aparece ahora entre poblaciones.
En una página personal de la University
of Tennessee at Martin hay una interesante utilidad para simular cómo
progresan las frecuencias génicas con el número de generaciones
de una población. Verás que en pocas generaciones se llega
a p=1 ó q=1.
Cuanto mayor sea el número de individuos de la población,
menor será la diferencia entre las frecuencias de una generación
y otra, aunque lo que cuenta no es el número real de individuos,
sino lo que se llama tamaño eficaz. El tamaño
eficaz de una población se define por aquellos individuos
que dejan descendientes, que en el caso de casi todos los organismos puede
ser un número mucho menor que el total de individuos (sólo
los individuos reproductores transmiten sus genes).
Si no hubiera otros procesos de cambio evolutivo, tales como la mutación
y la selección natural, las poblaciones llegarían
al final a tener un solo alelo de cada gen, aunque se tardase muchas
generaciones en llegar a ello. La razón es que, tarde o temprano,
uno u otro alelo sería eliminado por la deriva genética
sin posibilidad de que reapareciera por mutación o migración.
Debido a la mutación los alelos desaparecidos de una población
pueden reaparecer de nuevo, y gracias a la selección natural, la
deriva genética no tiene consecuencias importantes en la evolución
de las especies, excepto en poblaciones de pocos individuos.
Una situación extrema de deriva genética se da cuando
se establece una nueva población a partir de pocos individuos,
cuando una población pequeña se separa de otra original
más grande. Es lo que Ernst Mayr ha
llamado efecto fundador. Es lo que ocurre en numerosas
islas oceánicas, con poblaciones numerosísimas establecidas
por muy pocos individuos. Las frecuencias de muchos genes pueden ser diferentes
en los pocos colonizadores y en la población de la que proceden,
y ello puede tener efectos duraderos en la evolución de tales poblaciones
aisladas. Sería un caso de "deriva aguda", el resultado de una
única generación de muestreo, seguida de varias generaciones
durante las cuales la población sigue siendo pequeña. Un resultado del muestreo aleatorio es que la mayoría de las nuevas
mutaciones, incluso si no hay selección contra ellas, nunca logran
fijarse en la población. Supongamos que un individuo particular
es heterocigoto para una nueva mutación; existe alguna probabilidad
de que este individuo no deje descendencia, incluso, si la dejara, la
probabilidad de que la nueva mutación no se transmita sería
de ½. Si el individuo deja dos descendientes, la probabilidad de
que ninguno de ellos lleve la nueva mutación es de ¼, y
así sucesivamente.
El proceso es prácticamente idéntico aunque la nueva mutación
presente cierta ventaja selectiva, siempre que la población sea
de tamaño limitado.
Variaciones aleatorias en las frecuencias alélicas similares
a las debidas al efecto fundador tienen lugar cuando las poblaciones pasa
a través de un cuello de botella.
Cuando el clima u otras condiciones son desfavorables, es posible que
las poblaciones reduzcan de manera drástica sus efectivos y corran
el riesgo de extinguirse. Más tarde, tales poblaciones pueden recobrar
su tamaño original, pero la deriva quizás alteraría
considerablemente sus frecuencias alélicas durante el cuello de
botella. Este fenómeno parece que es el ocurrido con el ser
humano y alguno de sus antecesores: la variabilidad genética
de la que gozamos es tan increíblemente pequeña en comparación
con el de gorilas y chimpancés, por ejemplo, que todo hace pensar
que, en algún momento de nuestra evolución, el número
de individuos se vio reducido tan drásticamente, por la causa que
fuese, que las frecuencias de alélicas cambiaron radicalmente por
perderse una buena parte del patrimonio genético original. Más
información a este respecto la puedes encontrar en un documento
de la Universidad de Michigan firmado por Diane
Swanbrow.
Los tipos de selección natural.
Pero estas desviaciones son controladas por la selección. Los
individuos que se apartan de la media son generalmente eliminados, y más
cuanto mayor sea su desviación. La curva vuelve a estrecharse y
a hacerse más alta. A esto se le llama presión
selectiva. Las selección tiende a mantener un nivel óptimo
asegurando los logros conseguidos durante generaciones y eliminando los
individuos divergentes. Este aspecto fundamental de la selección
recibe el nombre de selección estabilizadora,
estableciéndose un equilibrio entre mutación y selección.
Este rigor selectivo en contra de la mutación se da, sobre todo,
en medios poco cambiantes. Es lo que ocurre con los llamados "fósiles
vivientes" de los que ya habló Darwin. Es el caso de los árboles
ginkgo, la araucaria y las secuoyas gigantes; también el caracol
Neopilina, descubierto en 1951 a 3500 metros de profundidad, el
celacanto, que se creía extinto hasta que se redescubrió
en las islas Comores, y el nautilo o los cangrejos cacerola de las Molucas.
Todos ellos existen prácticamente sin variación alguna desde
hace millones de años, dato que nos proporciona el registro fósil.
Impresionante es el caso del lagarto tuátera, que vive en algunas
islas de Nueva Zelanda, y que apenas ha experimentado cambios desde hace
170 millones de años. Toda la región australiana es rica
en este tipo de seres, ya que quedó aislada hace 65 millones de
años del resto del mundo.
La selección sexual es una forma especial
de selección natural. De la misma manera que en otros casos, los
organismos más eficaces para asegurarse su pareja consiguen con
ello una mayor adecuación.
Hay dos circunstancias generales que conducen a la selección
sexual: una es la preferencia de un sexo (frecuentemente las hembras)
por individuos del sexo opuesto que presentan determinadas características;
la otra es el aumento en fortaleza (usualmente entre los machos) que les
permite el éxito en el apareamiento.
En los enlaces siguientes verás algunos casos reales de adaptación,
selección natural y poblaciones.
Ejemplos de selección a la luz de la genética de poblaciones
hay muchos. Todos se explican bajo el concepto de eficacia
biológica, que se entiende como eficacia media de un genotipo
en una población, nunca en un individuo concreto. Aunque no vamos
a entrar en ello, para la matematización de esta cuestión
se ha recurrido a la eficacia biológica independiente
de la frecuencia. En la realidad, sin embargo, un número muy
alto de procesos selectivos dependen de las frecuencias génicas,
de modo que esto se debe tener en cuenta y "no confundir la conveniencia
con la realidad".
Podemos ver cómo los numerosos errores congénitos
del metabolismo se dan porque un alelo recesivo interfiere una ruta
metabólica y causa la letalidad de los homocigotos. Son casos que
sirven para ilustrar las diferencias en eficacias biológicas provocadas
por la sustitución de un gen. Citaremos la fenilcetonuria,
mencionada más arriba, y la enfermedad de Wilson
(en la que la muerte resulta por intoxicación con cobre, debido
a que la ruta de destoxificación está interrumpida).
Un caso que ilustra la relación entre la eficacia biológica
y el ambiente es el de la anemia falciforma.
Una sustitución alélica en el locus del gen estructural
de la cadena b de la hemoglobina (la hemoglobina,
Hb, está formada por cuatro polipéptidos, dos de ellos reciben
el nombre de cadenas a y los otros dos, b),
provoca la sustitución por valina del ácido glutámico
normal en posición 6. La hemoglobina anormal cristaliza a bajas
presiones de oxígeno, y los glóbulos rojos se deforma y
se hemolisan. Los homocigotos HbSHbS presentan
una anemia grave con supervivencia baja; los heterocigotos HbAHbS
presentan una anemia leve y, bajho circunstancias normales, presentan
la misma eficacia bioilógica que los homocigotos normales HbAHbA.
Sin embargo, en las regiones de África con una indicencia alta
de paludismo, los heterocigotos presentan una eficacia biológica
mayor que los homocigotos normales, porque la presencia de alguna cantidad
de hemoglobina falciforme protege de alguna manera frente al protozoo
del paludismo. Donde no hay paludismo, se pierde eficacia biológica.
Los procesos básicos que cambian las frecuencias génicas
son la mutación, la migración, la deriva genética
y la selección natural.
El efecto fundador es, probablemente, responsable de la práctica
ausencia de grupo sanguíneo B entre las poblaciones de indios
de América, cuyos antecesores llegaron en números muy pequeños
a través del Estrecho de Behring hace unos 10.000 años.
Ejemplos más recientes se pueden ver en grupos religiosos aislados,
como los Dunkers y los Amish de Norteamérica. Estas sectas fueron
fundadas por pequeños grupos de emigrantes, procedentes de congregaciones
mucho más amplias de Europa Central. Desde entonces han estado
prácticamente cerradas a la inmigración de poblaciones procedentes
de su entorno. El resultado es que, por ejemplo, sus frecuencias en los
grupos sanguíneos son totalmente diferentes a las de las poblaciones
de Europa y Norteamérica.
Para
comprobar la deriva genética y sus consecuencias se realizó
en su época el siguiente experimento. De una misma población
de Drosophila que vivía en libertad se seleccionaron, por
diez veces consecutivas, 20 fundadoras a las que se encerró en
jaulas. Estas subpoblaciones dieron lugar a poblaciones muy divergentes
entre sí en cuanto a caracteres y cualidades. Se repitió
el experimento seleccionando esta vez 4.000 individuos otras 10 veces;
las poblaciones resultantes apenas presentaban diferencias entre sí
y con la población inicial.
Esto es precisamente lo que ya sospechaba Darwin con los pinzones de las
Galápagos, de los cuales intuía que debían proceder
de muy pocos individuos o de tan solo una pareja.
Pero supongamos que la nueva mutación se transmite con éxito
a algún descendiente; entonces la "lotería" se repite en
la siguiente generación, y de nuevo se puede perder el alelo. De
hecho, si la población es de tamaño N, la probabilidad
de que la mutación nueva se pierda por azar es
Pero si la nueva mutación no se pierde, entonces lo único
que puede ocurrirle a una población finita es que, finalmente,
llegue a fijarse con una probabilidad de
Si
observamos cualquier población, cualquier miembro está adaptado
casi perfectamente a su biotopo. El grado ideal
de adaptación es el que presentan la mayoría de los individuos;
constituye la media. Sólo unos pocos se desvían
a uno y otro lado de esa media, y cuanto mayor sea la desviación,
menor será el número de individuos que la presenten. Esta
idea se puede representar mediante una curva de Gauss con forma de campana.
Cuando
aparecen mutaciones en la población, estas lo hacen sin ninguna
orientación concreta, generando nuevos caracteres que se desvían
constantemente de la media, de modo que la curva se aplana y se ensancha.
Este fenómeno se llama presión de mutación
y su influencia consiste en ir disminuyendo la frecuencia relativa de
los individuos más aptos.

El
hecho de que algunos animales sean ciegos o tengan una piel pálida
también se relaciona con la selección estabilizadora. Cuando
estos animales desplazaron su hábitat a las cavernas, la selecciñón
dejó de ejercer presiónsobre estos caracteres: ni el color
de la piel tenía sentido para el camuflaje, por ejemplo, ni la
vista era muy necesaria, de modo que la presión
de mutación tomó la delantera. Estos caracteres suelen
estar regidos por varios genes y un cambio en uno solo de ellos provoca
la atrofia de todo el órgano. La presión de mutación
también favoreció en estos seres el desarrollo de nuevas
estructuras, como largos tentáculos, pelos sensibles y líneas
laterales en los peces.
Cuando
se produce la alteración en el medio ambiente, los organismos favorecidos
son precisamente esoso que se desvían de la media. La selección
ejerce en estos casoso un presión direccional más o menos
fuerte y desplaza la media hcia una mayor adaptación a las nuevas
circunstancias. Van siendo eliminados ciertos alelos que habían
sido útiles y se van fijando otros que son más convenientes.
El patrimonio genético
cambia y se produce el proceso evolutivo.
Se trata de una selección transformadora:
es una selección direccional y progresivamente modificadora.
Como se originan nuevas combinaciones de genes y nuevas especies se dice
que la selección es en este caso creadora. Pero resulta imprescindible
que para que esto ocurra se produzcan cambios en el medio ambiente.
La
carbonaria
Resistencia
al DDT
Los
cíclidos
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